Divisionismo

El divisionismo es una técnica que consiste en aplicar los colores sin mezclar, mediante puntos o manchas en el lienzo. Para, combinarse ópticamente obteniendo un resultado único.

Este estilo es característico del neoimpresionismo, movimiento artístico del siglo XIX que fue liderado por el pintor francés Georges Seurat, que fue uno de los más grande impulsores de esta técnica en el año 1880.

Seurat lo nombró como «cromoluminarismo». Inspirándose de su propio análisis de la luz y el color fundamentado en las teorías de científicos como Charles Blanc, Ogden Rood y Michael Eugéne Chevreul.

En el año 1884, el artista participó junto a sus compañeros Paul Signac y Camile Pissano en la octava exposición de impresionistas. Allí, fue cuando se presentó por primera vez la enorme obra «Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte» (obra de dominio público, que ocupa la imagen inicial de este artículo) causando gran revuelo.

Fue en ese momento, cuando Félix Fenéon (crítico de arte) utilizó el termino puntillismo. Porque se aplicaba el color en pequeños puntos y en pinceladas fragmentadas, que le permitían al espectador construir la pintura o escena desde lejos.

Técnica de divisionismo: la teoría del color

Seurat, además de poseer un increible talento artístico, era un gran pensador e investigador. Creía que, así como los músicos eran capaces de utilizar diferentes variaciones de sonidos y tiempo para armonizar, un pintor tenía la capacidad de poder utilizar el color para crear armonía y emoción en el arte.

Es por ello, que tomó de los teóricos del color toda la información necesaria. Para impulsar el desarrollo de sus propias teorías. Una de ellas era que la calma era alcanzada a través de el uso equilibrado de la luz y la oscuridad. Es decir, el uso equilibrado entre colores fríos y cálidos.

En la teoría divisionista se utilizaba la mezcla óptica con la luz (proceso de mezclar un color al yuxtaponer pigmentos). Seguían unas reglas estrictas para conseguir la armonía visual, representando la luz en los siguientes contextos:

  • Para representar las sombras se estableció que se podían utilizar colores azules, morados y rojos.
  • Para el sol directo, se utilizaban amarillos o naranjas y se representaban en otras partes del cuadro con colores naturales para resaltar el efecto de sol.
  • Representación del color local como color dominante del cuadro. El color local hacía referencia al color verdadero de los objetos, personajes o distintos elementos (cesped verde, cielo azul, etc.)
  • Los reflejos se conseguían proyectando colores reflejados en objetos que estaban situados uno al lado del otro.
  • Para la representación del contraste se utilizaban colores opuestos situados muy próximos unos de otros.

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